UN SUEÑO, UNA REALIDAD

Corría el año 1987. Un grupo de familias allegadas a la parroquia del Santísimo Redentor, muchas de las cuales tenían hijos en edad de iniciar próximamente sus estudios secundarios, comenzaron a reunirse para echar las bases tendientes a fundar en la zona una nueva escuela católica de nivel medio. Contaban para ello, con el decidido apoyo del cura párroco y con el aval del Obispo de San Justo.

Se proyectó, entonces, la Fundación Santo Tomás de Aquino y se iniciaron los trámites para concretar la idea –por entonces, en sus primeros aleteos–, una esperanzada ilusión, un sueño: requisitos que debían atenderse para que la creación fuese aprobada por las autoridades educativas, acopio de documentación de consulta, análisis de presupuestos tentativos para gastos de organización y puesta en marcha.

En la búsqueda del edificio para instalar en él la escuela, se había avanzado bastante, en un acuerdo de palabra con los propietarios de un inmueble pronto a ser destinado a oficinas, una vez reciclado.

Las tareas y trámites no fueron pocos y, alternativamente, mientras algunos logros reforzaban ilusiones, no faltaban los desalientos ante los inconvenientes que se iban presentando, como es de suponer, frente a un emprendimiento de esta naturaleza. En un balance de posibilidades, ya en el último trimestre de 1988, parecía que todo iba a quedar en la instancia de una ilusión, en una atrevida y hermosa ilusión...








Pero Dios ya había trazado los caminos para realizar su designio. Un grupo de docentes asumió la responsabilidad y dio forma definitiva al proyecto. Con la misma fe y esperanza de aquellos padres gestores, acompañados por muchos de ellos, aceptó el desafío como una misión para extender el Reino y dar testimonio de vida cristiana

Y concretaron la obra, convirtiendo aquel sueño en esta realidad que hoy sigue creciendo, ahondando el surco y cuidando celosamente cada retoño, como si fuera el único, el definitivo, el final. El trece de marzo de 1989, el Instituto Santo Tomas de Aquino abrió sus puertas para albergar a nuestros hijos, los mismos que en diciembre de 1993 marcaron el primer adiós a la escuela, ya con sus títulos de bachilleres en ciencias de la comunicación social y de peritos mercantiles con especialización contable e impositiva. Fueron los primeros egresados. Mañana, serán multitud, porque la vida sigue, no se detiene ni se interrumpe.

Otra etapa de este hermoso sueño continuó el 25 de marzo de 1995 con la creación de la EGB. Y el 9 de marzo de 1998 abrió sus puertas el Jardín de Infantes Santo Tomás, quienes siguen trabajando a pleno con alegría y responsabilidad capacitándose continuamente desde lo pedagógico para brindarles a los niños todo lo que ellos necesitan tanto en lo intelectual como en lo humano.

Las obras de bien perduran y se multiplican en la ilusión del hombre que las sueña y lucha por convertirlas en realidad. Es el hombre que hace, porque vive, porque continúa soñando. Es Dios quien lo inspira y guía, porque le dio la vida y la ilusión de soñar.







 


 













 

 

 

 

 

 

 

 

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